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Historias

Una buena orientación laboral para las personas perceptoras de la RMI

 

 Cuando sumamos al desempleo una situación económica, social y emocional de alta vulnerabilidad, como es el caso que nos ocupa, necesitamos salir de los enfoques tradicionales de orientación laboral.

Artículo de opinión de Silvia Rodríguez Rivero, técnica de Inclusión Sociolaboral de Acción contra el Hambre.

"El aumento sostenido del desempleo que se ha venido dando en España desde el 2008 deja entre otras preocupantes cifras la de casi 800.000 personas beneficiarias de Rentas Mínimas de Inserción (RMI) en 2015, de acuerdo con el último informe del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales sobre rentas mínimas.

Esta prestación, que ronda los 400 euros con algunas variaciones según la Comunidad Autónoma, va destinada a cubrir las necesidades básicas de las personas perceptoras y sus familias. Sin embargo, rara vez esta cuantía es suficiente para garantizar el desarrollo personal, educativo y profesional adecuados. La dificultad de acceso a servicios y recursos del entorno limita sus oportunidades de encontrar y mantener un empleo digno y, a su vez, el temor a aumentar sus ingresos legales y perder la prestación les impulsa a recurrir a la economía sumergida. Esta situación genera en muchos casos gran dependencia de las ayudas de emergencia y resulta en una merma de la motivación, el autoestima y la capacidad de estas personas para marcarse objetivos profesionales y comprometerse con ellos.

Sin embargo, y pese a la situación de vulnerabilidad en que se encuentran los perceptores de la RMI, sabemos que el 45,59% de las familias tienen un tiempo de permanencia bajo esta ayuda inferior a tres años, implicando la posibilidad de que esta situación se revierta en un corto periodo de tiempo.
¿Cómo se consigue? La prestación del RMI tiene la finalidad de apoyo para cubrir las necesidades básicas de las familias ya comentada, pero además se complementa con medidas de apoyo para la inserción social y laboral de sus perceptores. Aumentar la empleabilidad de estas personas conlleva un trabajo vital en el desarrollo de sus competencias personales y profesionales tales como la iniciativa, la resistencia a la frustración, el trabajo en equipo o el autocontrol. Generar sinergias con otras personas y agentes de su entorno, favorecer la definición de objetivos laborales claros y promover la autonomía y el compromiso con la búsqueda de empleo, son factores clave para empoderar y recuperar la motivación de quienes quieren salir de esta situación de precariedad.

Cuando sumamos al desempleo una situación económica, social y emocional de alta vulnerabilidad, como es el caso que nos ocupa, necesitamos salir de los enfoques tradicionales de orientación laboral. Así, iniciativas como la llevada a cabo por Acción contra el Hambre con el proyecto Efecto Emplea buscan acompañar a estas personas en el desarrollo de una actitud más proactiva, poniendo el foco en la identificación de sus potencialidades, impulsando su movilización y promoviendo la acción concreta en el logro de sus objetivos.

Sabiendo que es posible salir de esta situación de dependencia económica, confiamos en que la solución pasa por el empoderamiento y la dotación de herramientas personales y sociales para recuperar las riendas de su futuro".

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