Clasificado entre los países menos desarrollados de acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano, Yibuti es una tierra de grandes contrastes. Con un clima semiárido, el país sufre a menudo largos períodos de sequía que afectan a más de 120.000 personas en todo el país, principalmente en las zonas rurales. La falta de lluvias en los últimos años diezmó a los rebaños así como las tierras de pastoreo y empujó a esta población al éxodo rural. Alrededor del 60% de la población reside en la ciudad de Yibuti, la capital.

Este éxodo aumenta la dependencia de las poblaciones urbanas con el mundo exterior, especialmente con Etiopía, para satisfacer las necesidades básicas: alimentos, de los cuales el 90% se importa, y también la energía o el agua potable.

Las oportunidades de ingresos son limitadas y fluctuantes, debido a una tasa de desempleo del 60% y los altos precios de los alimentos básicos y del agua potable, han reducido los mecanismos de ajuste de los hogares y cualquier choque externo tiene un impacto devastador. Además, el acceso limitado a servicios de saneamiento y el escaso conocimiento de prácticas correctas de higiene inducen a una alta incidencia de enfermedades diarreicas.

Esto afecta a la prevalencia de la tasa de malnutrición aguda de  niños menores de 5 años. A pesar de la falta de datos regulares y fiables sobre la malnutrición, las diversas encuestas esbozan una situación en la que las tasas de malnutrición aguda igualan o superan los umbrales de emergencia en determinados distritos.