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Afganistán

Contexto humanitario

Afganistán atraviesa una de las crisis humanitarias más complejas y prolongadas del mundo. La combinación de pobreza, desempleo, fenómenos climáticos recurrentes, inseguridad alimentaria y acceso limitado a servicios básicos ha erosionado la capacidad de millones de familias para cubrir sus necesidades esenciales. Las sequías, inundaciones y terremotos agravan una situación ya marcada por la fragilidad de los sistemas de salud y protección social.

La infancia es una de las poblaciones más afectadas. La desnutrición aguda alcanza niveles alarmantes en distintas regiones del país, mientras que numerosas familias tienen dificultades para acceder a servicios sanitarios, agua potable y medios de vida estables. Las mujeres y las niñas afrontan barreras adicionales para acceder a servicios esenciales y oportunidades económicas, lo que incrementa su vulnerabilidad.

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BENEFICIARIOS

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Nuestra actividad

Acción contra el Hambre actualmente opera en seis provincias —Kabul, Helmand, Ghor, Daykundi, Badakhshan y Uruzgan (a través de un socio)— con una respuesta multisectorial centrada en salvar vidas y fortalecer la capacidad de recuperación de las comunidades. Nuestro trabajo combina el tratamiento y la prevención de la desnutrición, la atención primaria de salud, el acceso a agua segura y la recuperación de medios de vida en algunas de las zonas más vulnerables del país.

Para combatir la desnutrición infantil, apoyamos unidades especializadas de alimentación terapéutica donde niños y niñas con desnutrición aguda grave reciben atención médica y nutricional. Asimismo, colaboramos con centros de salud y estructuras comunitarias para ampliar el acceso a servicios de nutrición y mejorar la detección temprana de casos de riesgo.

La salud mental constituye otro eje fundamental de nuestra intervención. A través de servicios de apoyo psicosocial, asesoramiento especializado y espacios seguros para familias, contribuimos a atender las consecuencias emocionales derivadas de años de crisis, desplazamiento e incertidumbre. También contamos con mecanismos de atención que facilitan el acceso a estos servicios en diferentes zonas del país.

En paralelo, trabajamos para que las familias puedan recuperar su autonomía económica. Distribuimos insumos agrícolas, apoyamos la producción ganadera y avícola, impulsamos pequeños invernaderos y promovemos actividades generadoras de ingresos adaptadas a contextos afectados por el cambio climático y la escasez de recursos. Estas acciones permiten mejorar la disponibilidad de alimentos y reducir la dependencia de la ayuda humanitaria.

Además, mejoramos el acceso al agua potable y a servicios de saneamiento e higiene, fortaleciendo la resiliencia de las comunidades frente a futuras crisis y contribuyendo a prevenir enfermedades relacionadas con la falta de servicios básicos. Nuestro enfoque integra siempre el trabajo con organizaciones locales y comunidades, reforzando capacidades que permitan construir soluciones sostenibles a largo plazo.

DÓNDE
ESTAMOS

Apoyamos y acompañamos en su búsqueda de empleo a personas de 11 comunidades autónomas diferentes. Nuestro trabajo llega a 25 provincias españolas donde trabajamos para luchar contra la inseguridad alimentaria a través del empleo y la formación laboral. 

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PUBLICACIONES

TESTIMONIOS

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KHAN MOHAMMAD VIVE EN KABUL DESDE HACE 8 AÑOS JUNTO A SU MUJER Y SUS 3 HIJOS Y 2 HIJAS

en la casa de uno de sus hermanos, quien ha prestado a la familia una habitación con baño.

En invierno no tenemos mucha electricidad, y el tiempo es tan frío y la madera tan cara que no siempre podemos permitírnoslo, pero tenemos un calefactor y todo el mundo viene a esta habitación a calentarse. En cuanto al agua, sólo tenemos un pozo, aquí en nuestra casa. La bebemos, lavamos la ropa y también la utilizamos para otras necesidades. Nos trasladamos de Paktia a Kabul porque en Paktia no había oportunidades de trabajo. En primavera todavía se está bien, pero en invierno ni siquiera encontramos suficiente comida.

Hace dos años que Khan Mohammad no tiene un trabajo fijo, a pesar de que las oportunidades en Kabul parecían mejores. Antes era conductor, lo que le permitía cubrir mantener a su familia y comprar medicinas. Su hijo más joven, Arfanullah, comenzó a perder peso de forma preocupante dos meses después de nacer. A pesar de no haber tenido problemas en los otros embarazos, Babri, su madre, no producía suficiente leche para alimentar a Arfanullah y, además, estaba enferma pero no podía permitirse el tratamiento. Eso la llevó a dejar de dar el pecho al bebé, lo que tuvo un efecto negativo sobre la salud y el desarrollo del pequeño.

Al verle enfermar, sus padres le llevaron a la clínica local, donde le dijeron que, aunque el niño perdía peso y sufría fiebres y diarrea, no tenia malnutrición. Este diagnóstico incorrecto retrasó su tratamiento pero una vez que llevaron a Arfanullah a la unidad de alimentación terapéutica de Acción contra el Hambre en Kabul, el niño fue diagnosticado de malnutrición e ingresado durante 11 días, en los que se recuperó gracias a la leche terapéutica, así como la capacitación sobre nutrición y alimentación que recibieron sus padres.

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