Pakistán afronta una combinación de crisis climáticas, inseguridad alimentaria y desplazamientos que afectan de forma recurrente a millones de personas. Las inundaciones y los periodos prolongados de sequía provocan la pérdida de viviendas, daños en infraestructuras básicas y graves impactos sobre la agricultura y la ganadería, que constituyen la principal fuente de ingresos para numerosas familias rurales.
Las provincias de Baluchistán, Sindh y Khyber Pakhtunkhwa concentran algunas de las necesidades humanitarias más urgentes del país. En estas regiones, los efectos de los fenómenos climáticos extremos se ven agravados por la pobreza, la fragilidad de los servicios básicos y los movimientos de población provocados por la inseguridad y los desplazamientos forzosos. Esta situación dificulta el acceso a la salud, al agua potable y a los medios de vida.
La inseguridad alimentaria aguda sigue siendo una preocupación crítica, especialmente en las zonas más vulnerables del país. Millones de personas tienen dificultades para acceder a una alimentación adecuada, mientras que la malnutrición infantil continúa representando una amenaza para la salud y el desarrollo de niños y niñas. Además, las poblaciones desplazadas y refugiadas afrontan importantes desafíos relacionados con la protección, el acceso a servicios esenciales y la recuperación de sus medios de vida.