Qué está pasando en el Sahel

Qué está pasando en el Sahel

Una vez más, 23 millones de personas en la región del Sahel se enfrentan a uno de los más difíciles período del año: la brecha de hambre o de soudure. A pesar de los avances en los sistemas de alerta temprana y las políticas de nutrición, pocas personas conocen el hambre es un fenómeno estacional en esta región del mundo.
El conflicto, la inseguridad alimentaria, la desnutrición, epidemias y desastres naturales, pobreza extrema, de crecimiento rápido de la población, el cambio climático, las crisis recurrentes de los alimentos y la nutrición, los conflictos armados y la violencia, siguen siendo los principales impulsores de las necesidades humanitarias en la región y socavan la vida, la propiedades y el futuro de millones de familias en toda la región. 

A pesar de la  buena temporada 2015/2016 de cosechas, situaciones de conflicto como en el norte de Mali o en la frontera entre Nigeria y Níger, en la región de Diffa,  o eventos climáticos extremos como sequías o inundaciones que han impactado en la producción agrícola a nivel local, como en Senegal o Mauritania, hacen que la situación nutricional sea preocupante en estas zonas.

 

Comienza la estación del hambre

A las puertas de la época de soudure o carestía, que transcurre desde que las familias han agotado sus reservas de alimentos, en junio, hasta la próxima cosecha en octubre, permanecemos muy atentos a aquellos países como Níger, Malí, Mauritania y Senegal, más vulnerables, en los que los índices de inseguridad alimentaria y de desnutrición ya son altos.

Hambre estacional o hambre recurrente, es el fenómeno que se produce todos los años en numerosos países africanos, asiáticos y latinoamericanos en los que la población depende de una agricultura de subsistencia. La estación del hambre se corresponde al periodo que transcurre entre dos cosechas o, concretamente, entre que se agotan las reservas de la primera y se recoge la segunda. Puede preverse y también puede prevenirse.

A pesar de las buenas cosechas en la última temporada agrícola, desde Acción contra el Hambre permanecemos muy atentos a aquellos países y regiones más vulnerables, en los que los índices de inseguridad alimentaria y de desnutrición ya son altos (Antonio Vargas, responsable de nutrición y salud)

En estos meses entre cosechas reforzamos las actividades, especialmente las de prevención, detección y tratamiento de la desnutrición para mitigar el impacto. Algunas de las medidas concretas son el refuerzo de las redes comunitarias de vigilancia del estado nutricional de los niños, así como la distribución de alimentos a familias en situación de riesgo y complementos alimentarios para las personas más vulnerables, niños de 6 a 23 meses y mujeres embarazadas. 

 

Sahel, epicentro del hambre

La región de Sahel sigue siendo el epicentro del hambre. Los países que la conforman están en el pelotón de cola de la lista de Desarrollo Humano y la población vive en un continuo equilibrio que les puede hacer caer del lado de la crisis aguda al menor incidente político, socioeconómico o meteorológico.

Conflictos y desplazamientos
La violencia y los conflictos en toda la región no han hecho sino agravar el impacto de las vulnerabilidades crónicas y de las crisis recurrentes en las comunidades del Sahel. La mayoría de los 4,5 millones de desplazados han perdido sus medios de vida y están alojados en comunidades ya muy vulnerables.
En la cuenca del lago Chad, la inestabilidad provocada por Boko Haram afecta a 30 millones de personas en Camerún, Chad, Níger y Nigeria.
La situación en Malí sigue siendo preocupante por la persistencia de la inseguridad, con más de 200.000 malienses desplazados. Y Camerún y Chad acogen a más de 300.000 refugiados cada uno.

Disminución de la producción agro-pastoral
En las regiones de Podor y Guidimakha, en Senegal y Mauritania, los índices de desnutrición superan el 18 y el 15% respectivamente, rebasando el umbral de emergencia establecido por la Organización Mundial de la Salud. La dilatada falta de lluvias en los últimos años  ha producido una disminución de la producción agro-pastoral y, por tanto, una prolongación de la estación del hambre. La población más vulnerable ve como se agotan sus mecanismos de resiliencia para ser sustituidos por otras estrategias de supervivencia negativas que pueden dañar sus medios de vida.

 

La amenaza de la desnutrición
La desnutrición sigue amenazando a 7,2 millones de niños menores de cinco años y mujeres embarazadas y lactantes, que necesitan asistencia. Casi uno de cada cinco niños en el Sahel muere antes de cumplir cinco años, y un tercio de estas muertes están asociadas con la desnutrición. Chad, Malí y Níger acogen el 70% de todos los niños con desnutrición aguda severa en la región.

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