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De Myanmar hasta Bangladesh: huyendo de la violencia

 

Nurun Naha, Hasina, Kulsuma, son algunas de las personas que se encuentran refugiadas en el centro de emergencia de Acción contra el Hambre en Kutupalong, donde se distribuye comida preparada de emergencia para personas apoyado por ECHO, PRM, SIDA y el Programa Mundial de Alimentos.

Nurun Naha
Nurun, de 26 años, cruzó la frontera de Myanmar con Bangladesh el 28 de agosto, tres días después de que estallase la violencia en el estado birmano de Rakhine. Llegó a Bangladesh con ocho de sus hijos. “Tuve que dejar a uno de mis hijos allí y no sé dónde está mi marido” cuenta Nurun preocupada. “Cuando la violencia se intensificó, corrimos a escondernos donde pudimos, todavía era de noche. La única prioridad era sobrevivir”. 

Nurun Nahar espera que su hijo de 8 años haya cruzado la frontera con alguien. Ella espera encontrarse pronto con su marido y su hijo en Bangladesh, donde se han refugiado. “Ayer, cuando entramos en Bangladesh, no sabíamos dónde ir y nos quedamos al borde de la carretera. Estábamos hambrientos y los niños lloraban. Un desconocido nos vio, nos ofreció comida y un sitio para quedarnos. Esta mañana nos volvieron a dar más comida. Me da vergüenza pedir más, ya están haciendo mucho por nosotros. Desearía poder estar en mi casa, en Rakhine” nos cuenta Nurun mientras atiende a su hijo de quince días.

Hasina

Hasina (27 años), madre soltera de 5 niños, llegó a Bangladesh con sus hijos después de pasar dos noches en la frontera. Cuando estalló el conflicto, durante los fuegos cruzados en el norte de Rakhine, su marido fue asesinado. “No era el blanco de nadie. Solamente estaba trabajando en el arrozal ese día. Me enteré de que había muerto cuando me lo contaron los vecinos, que presenciaron el incidente. Esa tarde, tuve que huir de casa para poder salvar a mis hijos. No siquiera pude enterrar su cuerpo”. Su voz se hizo más pesada al compartir su historia.

Al igual que otros refugiados, Hasina y sus hijos tuvieron que caminar durante muchos kilómetros debajo de la lluvia, dormir al aire libre y esconderse detrás de los arbustos antes de llegar a Bangladesh.
“Cuando cruzamos el río, había familiares de algunos de los refugiados que habían ido a ayudarles. Sin embargo, nosotros no teníamos a nadie. Tardamos horas en encontrar ayuda. Entonces, un hombre de la aldea vino a ayudarnos” cuenta Hasina. Al no tener parientes en Bangladesh, Hasina tiene miedo de pensar en el futuro. Desea volver a Myanmar donde dejó a sus padres, pero no está segura de encontrarles vivos cuando vuelva.

Abdul Malek

Eran alrededor de las tres de la madrugada cuando la familia de Abdul Malek se despertó con el sonido de los disparos y los gritos de la gente. Md. Abdul Malek (48), cruzó la frontera de Myanmar tres noches después de que empezara la escalada de violencia.

"Caminamos en la oscuridad durante ocho horas, sin parar, teníamos miedo de recibir un disparo si nos veían los militares" cuenta Abdul Malek.
Antes de trasladarse a un asentamiento de refugiados, él y su familia pasaron una noche en la tierra de nadie, donde la Guardia de Fronteras de Bangladesh vigila atentamente la frontera. Abdul Malek encontró un refugio temporal para su familia en el asentamiento, pero no sabe lo que le depara el futuro.
En Rakhine, era maestro en una madrasa. Ahora se siente atrapado en una situación que parece que no va a acabar nunca. “Estoy agradecido de tener al menos una comida al día para que que mi familia pueda sobrevivir”

 

Kulsuma 
Con cinco meses de embarazo, Kulsuma (27) fue enviada a Bangladesh por su marido y sus padres después de que la violencia en Rakhine del Norte, donde vivía, se intensificara en los últimos días. Entró en Bangladesh con dos de sus hijos, ambos menores de cinco años. 

"El año pasado, en octubre, cuando la situación empeoró, mi cuñado y su familia vinieron a Bangladesh a refugiarse. Mis hijos y yo nos quedaremos con ellos. He oído que mis padres tratarán de cruzar la frontera esta noche. Creo que mi marido también viene. No sé dónde iremos en el futuro, han quemado nuestras casas " cuenta Kulsuma.

Refugiados como Kulsuma, especialmente las que están embarazadas y en periodo de lactancia están incluidos en nuestro programa de alimentación suplementaria para asegurar sus necesidades nutricionales.

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