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Epidemia de peste pulmonar en Madagascar

23/10/17

 

Desde principios de agosto de 2017, la plaga no ha hecho sino aumentar en la isla de Madagascar. Aunque la enfermedad es endémica en el país, se registraron 849 casos en dos meses y medio, el doble del número anual habitual. Aún más preocupante es que el tipo de peste predominantemente detectado lo es en su forma pulmonar, que sin el tratamiento adecuado resulta fatal.

“La peste es endémica de Madagascar, que resurge cada año. Generalmente se trata de la peste bubónica, que se desarrolla en zonas rurales y no se puede transmitir de una persona a otra. La singularidad de esta epidemia a la que nos enfrentamos hoy  es que se trata de una plaga pulmonar altamente transmisible, presente en áreas urbanas donde se cumplen todas las condiciones para su propagación”, explica Olivier Le Guillou, director de acción de Acción contra el Hambre en Madagascar.

Desde 2011, nuestros equipos han estado luchando contra la desnutrición en los suburbios de Antananarivo y el sur del país. Aprovechando nuestro fuerte reconocimiento en estas zonas, estamos poniendo en marcha un enfoque basado en la comunidad para reforzar el conocimiento y la capacidad de reacción de las poblaciones para protegerse o hacerse cargo. Nuestros equipos han sido movilizados a dos hospitales de la capital para ayudar a los equipos médicos a lidiar con esta emergencia sanitaria.

 

Previene la propagación de la epidemia.
Transmisible de un individuo a otro por la simple inhalación de aire, la peste neumónica tiene un alto potencial de contagio, en particular en las zonas urbanas con menos recursos de Antananarivo y Toamasina, debido a la alta densidad de población.

Para prevenir la propagación de la enfermedad, deben ponerse en marcha cuanto antes las medidas preventivas. El gobierno malgache ya ha prohibido las reuniones públicas, y los trabajadores de la salud, que están más expuestos a la contaminación, reciben tratamiento médico preventivo.

“Los síntomas de la peste pulmonar son muy parecidos a los de una afección parecida a la gripe. El período de incubación dura de uno a tres días. Las personas experimentan fiebre alta, dolor de cabeza, debilidad generalizada y dolor en el pecho que progresa a una neumonía severa. En 48 horas, sin un tratamiento adecuado, el resultado es mortal”, explica Caroline Antoine, experta en salud de Acción contra el Hambre.

La identificación de personas infectadas es uno de los principales desafíos para controlar la epidemia. Es esencial poder rastrear los caminos y las reuniones de los pacientes para comenzar un tratamiento antibiótico de las personas que han estado en contacto, con el fin de reducir la transmisión.
Nuestros equipos trabajan con las autoridades sanitarias y los actores internacionales para establecer protocolos para la protección y el control de la infección, especialmente en las instalaciones de salud. La capacitación del personal de salud, la instalación de estaciones de lavado de manos, la desinfección de locales, la gestión de residuos contaminados y aguas residuales, son medidas para reducir los riesgos y brindar apoyo a los centros de salud.

Sensibilización y movilización para evitar un empeoramiento de la situación.
“La epidemia está ante nosotros”, señala Olivier Le Guillou. “Aún no hemos llegado a su pico. Su propagación ha sido tan sorprendente que la toma de conciencia lleva tiempo. Aún es necesario mejorar algunas medidas preventivas. Desde el pasado fin de semana, hemos empezado a ver a los conductores de ambulancias con máscaras protectoras, que no veíamos la semana pasada.”

Más allá de la atención médica, el desafío para el futuro está en movilizar a las comunidades para luchar contra la propagación de la epidemia, así como proporcionar apoyo psicológico a las personas infectadas y su entorno.

“Tras experiencias como el brote de ébola en África Occidental o los brotes de cólera en muchos de los países donde trabajamos, apoyamos a las familias. Enfrentarse a una epidemia a menudo provoca fuertes reacciones emocionales y desestabiliza las relaciones sociales y familiares. Son respuestas normales a una situación inusual que toman la forma de estrés, miedo, ira, y el estigma asociado a la epidemia”, añade Olivier Le Guillou.

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