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"La discapacidad puede hacerte más competitivo en el mercado de trabajo"

 

 

 El problema de la inserción laboral de las personas con discapacidad radica en la falta de oportunidades para  demostrar sus talentos en el mundo empresarial

Artículo de opinión de Angélica Guevara, responsable de Desarrollo e Innovación de Fundación DKV Integralia

"Las personas con discapacidad tienen una gran aptitud frente a la vida, son capaces de desarrollar  talentos, y grandes cualidades que los disponen a realizar a la perfección, ejercicios o tareas, de acuerdo a sus habilidades. Medicamente está demostrado que una persona que carece de un sentido aprende a desarrollar los otros cuatro organizando su actividad sensorial de otro modo, sin olvidar que cuanto más se estimula una neurona más conexiones se crean y más se refuerzan las áreas correspondientes del cerebro. Por ejemplo, un invidente de nacimiento tiene un olfato, una capacidad de audición y un sentido del tacto extremadamente desarrollados y una conciencia muy sutil de su cuerpo en el espacio.

Es sorprendente ver como una persona con discapacidad visual es capaz de potenciar uno o varios  órganos de tal manera que puede ver sin necesidad de usar sus ojos ya que puede hacerlo con sus oídos, con sus pies, con sus manos… desarrollando habilidades especiales que le hacen ser único y con resultados aún mejores en cuanto a desempeñar tareas que impliquen hacer uso de esa habilidad potenciada.

Otro ejemplo es el caso de las personas autistas, quienes poseen una tremenda capacidad de concentración, honestidad, pasión por los detalles y baja tolerancia al error, habilidades que encajan plenamente en empleos en el área tecnológica o en las empresas del sector de la informática.

Lo que se traduce en que la discapacidad puede ser una oportunidad para convertirte en una persona con habilidades extraordinarias y que te genera unas capacidades que te pueden hacer competitivo frente al mercado de trabajo pero existe un problema en lo que a la inserción laboral de este colectivo se refiere y radica en la falta de oportunidades para  demostrar esos talentos dentro del mundo empresarial, la ausencia de confianza en aceptar que existe ese potencial y que el incorporar una persona con discapacidad realizando esas tareas puede generar valor.

Hay muy poca implicación por parte de las empresas en promover la diversidad. Según la reciente Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDES) en España, la tasa de actividad de las personas con discapacidad es aproximadamente la mitad que la relativa a las personas sin discapacidad (32,2% de aquéllas frente al 66,2% de éstas), la tasa de paro es 9,5  puntos porcentuales por encima (26% frente al 16,58%) y la  tasa de participación  es menos de la mitad entre personas con discapacidad respecto de las que no lo son (23,9% frente al 55,4%). Lo que demuestra que el principal problema de las personas con discapacidad es su baja tasa de participación, esto es, la ausencia de incentivos para involucrarse en el mercado de trabajo, lo cual es consecuencia directa de la falta de ofertas y de oportunidades.

El 7 de abril de 1982 se creó la LISMI (Ley de inserción de minusválidos) con el fin de promover la integración social de este colectivo siguiendo las pautas establecidas en la declaración de los derechos de las personas con discapacidad, aprobada por las Naciones Unidas de 1971. En dicha Ley se obliga a toda empresa, tanto pública como privada,  que tenga en plantilla más de 50 trabajadores a emplear un número de trabajadores con discapacidad no inferior al 2% de dicha plantilla o  a través de la contratación de una medida alternativa a través de un Centro Especial de Empleo, es decir, contratando un servicio o comprando un producto suministrado por una “empresa” cuyos trabajadores son en más de un 70% personas con discapacidad reconocida y superior al 33%.  Dicho esto, siendo España un país con un número elevado de empresas de grandes dimensiones lo lógico sería pensar que gracias a esta ley existe  un alto número de personas con discapacidad insertadas en el mercado de trabajo pero no es así. De hecho, según un reciente estudio, el 81% de las empresas españolas no cumple aún con la ley de inserción laboral de personas con discapacidad (LISMI).

Por todo esto, consideramos que el arduo trabajo que se debe realizar desde la administración y las entidades sociales que trabajan con este colectivo debe consistir  en dar a conocer a las empresas la cadena de valor que existe al incorporar personas con discapacidad en su plantilla, lo cual no solo proporciona ventajas a nivel legal, fiscal y económico sino algo más importante, genera riqueza laboral, sensibilización en el entorno de trabajo y aumento de la productividad".

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