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“Las desigualdades de género están en el origen del hambre”

 

La participación de mujeres y hombres en todas las etapas es fundamental para conocer los diferentes puntos de vista y así diseñar una intervención los más sensible posible a la realidad

Las mujeres producen el 70 por ciento de los alimentos del mundo y poseen menos del 20 por ciento de la tierra. La ecuación entre trabajo y retribución debería ser proporcional, pero en este caso entra en juego la variable del género. Clara Ituero Herrero, asesora de género de la red internacional de Acción contra el Hambre, nos explica cómo afectan las desigualdades de género al problema del hambre en el mundo y cómo el sector humanitario intenta erradicarlo.

Siete de cada diez personas pobres son mujeres. “En casi todos los contextos las mujeres padecemos más dificultades de acceso a una alimentación segura. En muchas sociedades existe la creencia de que los hombres necesitan comer más cantidad y variedad que las mujeres” No obstante, apunta Clara, a menudo la vulnerabilidad al hambre no es una cuestión biológica, sino social. “La gravedad radica en que las desigualdades de género están en el origen y las consecuencias del hambre y la pobreza”, añade. Las mujeres tienen menos oportunidades de educación y de empleo remunerado y escasa presencia en espacios de representación y de toma de decisiones. Por otro lado, señala nuestra asesora de género “socialmente se espera que cuidemos y alimentemos a la familia; pero a la vez no tenemos los recursos necesarios ni el control de los ingresos familiares como para comprar alimentos”.

La mujer no tiene por qué ser siempre más vulnerable al problema del hambre. Para Clara es fundamental no quedarse en ideas preconcebidas sino que es necesario estudiar el contexto. En algunas zonas de Asia, las mujeres al quedarse viudas son acogidas por la comunidad. No es así con los hombres, que no tienen los conocimientos para cuidar su alimentación y la de sus hijos. “Si no se considera esta vulnerabilidad, estos hombres pueden buscar una nueva mujer, a menudo menor, para asegurar su supervivencia, lo que podría afectar negativamente a los matrimonios infantiles”.

En India, el mayor porcentaje de víctimas mortales del tsunami de 2004 fueron mujeres. Los hombres no recibieron ayuda por parte de muchas agencias humanitarias, porque interpretaron erróneamente que no eran vulnerables.

La inclusión del enfoque de género en nuestras intervenciones

Esto significa comprender las relaciones de género que hay en ese lugar y diseñar el proyecto expresamente para ese contexto, incluyendo a las mujeres y hombres en su diseño y desarrollo.

Clara aporta algunos ejemplos. “Una de las cosas que nos permite conocer este enfoque es quién toma las decisiones sobre la lactancia materna (si se continúa o se interrumpe), para poder asegurar la lactancia exclusiva durante los 6 primeros meses. En muchas zonas del Sahel son las suegras las que lo deciden. Involucrarlas en las actividades de lactancia se muestra por tanto fundamental. En otras ocasiones, lo que hacemos es incluir a los padres en las charlas de sensibilización para que reciban información acerca de, la inmunización, la lactancia materna exclusiva o la necesidad acudir al centro de salud para tratar la desnutrición. Esto es fundamental en países como  India, por ejemplo, donde los hombres deciden sobre la movilidad de las mujeres.”

El reto de Acción contra el Hambre es un mundo libre de hambre y para lograrlo es necesario seguir desarrollando un enfoque integrado (nutrición, agua, higiene…) para tener un impacto duradero y que las poblaciones sean autosuficientes para producir y administrarse. “La participación de mujeres y hombres en todas las etapas es fundamental para conocer los diferentes puntos de vista y así diseñar una intervención los más sensible posible a la realidad”.

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