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Testimonios desde Malawi: el jardín de Rose

Testimonios desde Malawi: el jardín de Rose

 

Asistencia humanitaria a la población más vulnerable afectada por la crisis en el Distrito de Nsanje

Rose Faniwello es la responsable de una familia de siete miembros encabezada por mujeres; tres de sus seis hijos son menores de cinco años. Todos viven en una pequeña casa hecha con ladrillos de barro que consta de una habitación de 6 metros cuadrados, donde duermen, comen y cocinan su comida.

Faniwello tiene el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), su marido murió debido al VIH, y ella y su joven hijo (un año y medio) se encuentran bajo un tratamiento antirretroviral gubernamental. Fue expulsada de la aldea cuando el resto de sus habitantes se enteraron de su enfermedad.

Solía plantar en un pequeña parcela de 100 metros cuadrados, pero este año, debido a la sequía, no ha podido recolectar ningún cultivo. Le gustaría poder plantar algunas verduras y patatas dulces para la época invernal, pero la falta de dinero y la escasa disponibilidad de comida la han obligado a dedicar todo su tiempo a buscar trabajo y comida para su familia. Ha recorrido su aldea durante los últimos meses en busca de trabajo temporal o actividades de ganadería y agricultura con las que pueda obtener ingresos para poder comprar comida a sus hijos. Cuando tiene suerte y encuentra trabajo en el terreno de sus vecinos, recibe 500 kw (0,7 euros) al día.

Faniwello necesita al menos 10 tazas de harina de maíz cada día para alimentar a sus hijos, lo que equivale alrededor de 1.500 kw (2 euros). Debido a la falta de recursos no tiene otro remedio que ir dos veces por semana al río Shire a recoger plantas indígenas (la planta de río Nyka o Lily) para alimentar a sus hijos. “El sabor es muy amargo y no aportan demasiada energía”, dice, “pero no hay otra comida que pueda dar a mis hijos”. El río está lejos y tiene que andar durante dos horas bajo el sol, así que cuando siente dolor debido a su enfermedad, no va. Sabe que ese día sus hijos tendrán que prescindir de algunas comidas o pedir por la aldea, puerta por puerta, comida o dinero. A veces vende las sobras de la Nyka recolectada, pero lo que recibe a cambio es muy poco, alrededor de 200kw después de un día de duro trabajo (0,3 euros).

Se siente agradecida a Acción contra el Hambre por la comida que ha recibido pero insiste en sus necesidades y pide que la distribución de comida sea mayor. Le gustaría recibir herramientas y semillas para reemplazar las que tuvo que vender a cambio de comida. A pesar del estado de su salud, no pierde la voluntad y su sueño de tener un día un pequeño jardín donde cultivar algunas verduras y árboles frutales para poder alimentar a su familia

 

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